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MENSAJE DEL OBISPO DE MÁLAGA - MONS. JESÚS CATALÁ CON MOTIVO DEL DOMUND 2021

La celebración anual del Domingo Mundial de la Propagación de la Fe (DOMUND) estimula siempre en nosotros el compromiso bautismal de vivir la fe recibida y de dar a conocer a Jesucristo, el Evangelio vivo y eterno. La misión esencial de la Iglesia y de todo cristiano es “evangelizar” (cf. Pablo VI, Evangelii nuntiandi, 14); es decir, anunciar y proclamar a Jesucristo como único salvador del mundo.

El lema del presente año nos dice: “Cuenta lo que has visto y oído” (Hch 4, 20). Al igual que les sucedió a los apóstoles y a los cristianos de todas las épocas, también nosotros somos conscientes de que no podemos dejar de contar lo que hemos experimentado en nuestro encuentro con el Señor resucitado. Lo que hemos recibido como don, debemos compartirlo gratuitamente como don.

Como dice el papa Francisco, “como los apóstoles que han visto, oído y tocado la salvación de Jesús (cf. 1 Jn 1, 1-4), así nosotros hoy podemos palpar la carne sufriente y gloriosa de Cristo en la historia de cada día y animarnos a compartir con todos un destino de esperanza (…). Los cristianos no podemos reservar al Señor para nosotros mismos: la misión evangelizadora de la Iglesia expresa su implicación total y pública en la transformación del mundo y en la custodia de la creación (Mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones 2021. Roma, 6.01.2021).

La fe se engrandece y se potencia cuando se comparte. Dar testimonio de la misma la hace crecer; mientras que esconderla o ignorarla lleva a su debilitamiento. Profesar y proclamar la fe ante los demás nos convierte en testigos valientes de Cristo resucitado; y, además, ayudamos a que los otros se enriquezcan con la luz de la fe, del amor y de la esperanza cristiana.

La Iglesia nos invita a narrar nuestra experiencia del encuentro con Jesucristo. No se trata de una simple transmisión de conocimientos o de una información de hechos acontecidos en la historia. Se trata de dar testimonio de la experiencia personal, que nos ha transformado, enriquecido y salvado de nuestro pecado y de nuestra miseria humana.

Todos vamos en busca de la felicidad; pero no todos encuentran la verdadera fuente de la misma. Y el único manantial es Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre, que ha asumido nuestra naturaleza humana elevándola a la dignidad de hijos de Dios. Con ello nos ha hecho partícipes de su divinidad, que proporciona la felicidad eterna.

Pedimos a la Santísima Virgen María, que fue la primera discípula del Señor y la primera misionera, que nos ayude a dar testimonio valeroso en esta sociedad descreída y paganizada.

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